Al final de la quinta sesión, José ya ha sido vendido, ya ha llegado a Egipto y ya ha perdonado a sus hermanos. Falta una cosa: vestir la historia. Para eso sirve la túnica: no para decorar la pared, sino para dar a las manos lo que los ojos ya leyeron.
Lo que necesitas (y lo que no)
Cinco cosas: la hoja desprendible del libro, lápices de colores o rotuladores, unas tijeras de punta redonda, cinta de papel y diez minutos sin prisa. No necesitas cola líquida, no necesitas purpurina y no necesitas imprimir nada. Todo lo necesario ya viene dentro del libro.
La mejor actividad manual es la que el niño puede hacer casi solo, con el adulto al lado, no por encima.
Empieza dejando que el niño coloree la túnica antes de recortar. Es más fácil pintar dentro de las líneas cuando el papel todavía está entero. No corrijas los colores: si José acaba con una manga verde y otra naranja, mejor: la túnica de José era, precisamente, de muchos colores.
Una vez recortada, la túnica se viste sobre una figura de papel que también sale del libro. Aquí entra la única regla de adulto: la cinta es tuya. Dos tiras pequeñas bastan. Cuando el niño vista la figura y la levante, la historia queda de pie sobre la mesa, y es ahí donde suele llegar la mejor pregunta de la semana.
Guarda la figura. La semana siguiente, cuando abráis el próximo libro de la colección, entenderás por qué vale la pena tener una pequeña colección de personajes de pie en una estantería baja. Pero eso es tema para otro artículo.



